
1


Hay silencios que no son ausencia, sino contenido. Que no niegan la experiencia, sino que la protegen. En ese sentido, el autor del Quijote me asombra todavía. Llevo leyéndolo desde el colegio —aquella excelente edición escolar de la editorial Edelvives—, y cada vez se asienta más la evidencia: el autor del Quijote estaba más orgulloso de haber combatido en Lepanto que de haber escrito su obra inmortal. Por eso es tan significativo, más que lo que cuenta, lo mucho que calla. A diferencia de su experiencia como cautivo en Argel, expresa y detallada, la del joven soldado en “la más alta ocasión que vieron los siglos” apenas aparece en su obra.



