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Todo empezó con una charla. Dos mujeres de mediana edad se encuentran en una fiesta. No se conocen. Una se acerca a la otra porque sí. Empiezan a conversar, y el tiempo se detiene. Hablan de cine, de ese género que las dos tanto aman: el western. Entonces, en ese rincón de la fiesta, comparten palabras como: hombre, desierto, pieles rojas. Es que una de ellas es crítica de cine y la otra docente de literatura norteamericana; las dos, lectoras. No dejan de conectar con temas y formatos, y quedan para tomar algo otro día. De uno de esos primeros encuentros entre dos extrañas que se conocen como de cien vidas, surge la idea de hacer un sello que unifique las pasiones que comparten.



