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En amable sobremesa de invierno entre diletantes literarios, una lectora fina quiso saber: “Ustedes, ¿cómo leen?”. La pregunta iba dirigida al pequeño círculo de comensales, y pedía precisiones sobre qué, cómo, dónde y cuándo; si hay método o azar, orden o caos; si la mano se apropia con subrayados y anotaciones, o si el fetiche de la página virgen obliga a la mínima libreta marginal donde volcar fantasía y ocurrencias.




