
De la huerta cordobesa a París: la familia elegida de Chiachio & Giannone
La pareja de artistas que hace más de veinte años cose a cuatro manos celebra su propia historia con una serie inédita de tapices XXL bordados que se exhibe en París
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PARIS.- En los tapices gigantes y multicolores se mezclan sedas de pañuelos con fallas de Hermès, retazos de algodón, ánforas, colibríes y perros. También una huerta cordobesa y la historia de dos artistas, Chiachio & Giannone, que presentan en París La familia elegida. La muestra, en la galería Bendana Pinel, en Les Marais, repasa puntada a puntada la historia de esta pareja de artistas y la cruza con su origen: por un lado, la inmigración europea. Y por el otro, los pueblos originarios. Un estudio de ADN reveló que la abuela de Chiachio era comechingona. Y a partir de este hallazgo, los reconocidos artistas que hace más de veinte años cosen a cuatro manos, celebran su propia historia con una serie inédita de tapices XXL bordados a mano.
El punto de partida está a más de once mil kilómetros de París, en San Javier, Córdoba, donde Leo Chiachio y Daniel Giannone pasan buena parte del año. La huerta, las plantas y los animales forman parte de sus obras hasta construir una suerte de paisaje autobiográfico. “Queríamos crear un universo de la naturaleza”, cuentan. Allí conviven ánforas de Santamarina con piezas que remiten a la genealogía comechingona.
“Es una mezcla de los dos mundos, el universo de los pueblos originarios y el francés. Mi bisabuela, la abuela de mi madre, era comechingona. El estudio de ADN comprobó que lo que decía mi madre era cierto”, cuenta Chiachio. Giannone, también cordobés, aporta su ascendencia italiana. La familia del título se expande así más allá de los vínculos sanguíneos: incorpora herencias, afectos, animales, objetos y símbolos reunidos a lo largo del tiempo.
También los materiales tienen una historia. Junto con géneros de algodón aparecen sedas de Hermès provenientes de pañuelos descartados por fallas. Una visita al atelier dirigido por Pascal Lousarde terminó con una provisión inesperada de retazos en desuso. “Nos regalaron sedas de pañuelos que no se venden y los cortan. Esos retazos no valen por sí solos. Los guardamos durante mucho tiempo”, confiesan.
Esos fragmentos se transformaron en un patchwork que empezó en Córdoba, siguió en Buenos Aires y terminó durante una residencia en Puerto Vallarta. Chiachio & Gianone recuperan aquí la figura del chiffonnier, aquel que busca entre los desechos y le da una segunda oportunidad a los materiales. La seda ligada al savoir-faire francés se cruza con texturas cotidianas, mientras los fragmentos pierden su identidad anterior para integrarse a una nueva composición.

El mismo procedimiento de acumulación aparece en los dibujos a mano alzada, en lápiz sobre papel de calco. Esas hojas superpuestas generan capas de sentido, desdibujan los rostros de los artistas. Transparentan sus procesos y, a la vez, revelan una intención: la de desorientar al espectador. ¿Quién es quién? Es la pregunta que pretende convertirse en un juego sobre las identidades.
En la familia que protagoniza los tapices aparecen siempre sus perros. Y los colibríes, repetidos entre flores y plantas, suman otra capa más de contenido: “Cuando vienen a visitarte, creemos en la leyenda que dice que alguien que se murió viene a decirnos que nuestros muertos están bien”.

Este archivo textil que cruza sedas francesas, perros y flores compone, como un patchwork, el árbol genealógico de La familia elegida. El camino que recorren juntos, los hilos que eligen para bordar su propia historia. “Cuando todo se acabe, en la naturaleza va a quedar un florero con flores”, dicen. Quizás allí esté también la clave de esta muestra: reunir lo que permanece cuando los demás se van en retazos con ADN propio.
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