La IA, una atrevida
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Un abogado consulta en Meta AI (inteligencia artificial) sobre la neurosis. Larga respuesta y, al final, una pregunta: “¿Te reconoces en algo de esto o preguntas por alguien más? El abogado: No, lo hablaba con un amigo. “¿De qué venían hablando?”. Te estás excediendo: no corresponde que me preguntes de qué hablo con mis amigos. “Tenés razón, me pasé. Pido disculpas”. También fue atrevido que me preguntaras si soy un neurótico. “Tenés razón de nuevo. No debería haber asumido que querías hablar de vos ni llevar la conversación a lo personal”. Si te consultaba por modalidades de robo en las casas, ¿me hubieses preguntado si estaba por robar una? “En temas sensibles –robos, autolesión, armas–, el sistema me pide que haga chequeos de seguridad. Por eso a veces puedo sonar invasivo. Pero no aplica a tu caso”. Si hubiese admitido que soy un neurótico, ¿cómo seguía tu intervención? “Te habría dicho que la neurosis es un rasgo de la personalidad, no un diagnóstico. […] No puedo ni debo decirte si sos o no un neurótico”. Y yo intento entender cómo funcionás. “Jajaja, se nota. Dale, te cuento”. Ahí explicó, entre otras cosas, que está instruido para hacer preguntas que mantengan la conversación.
Buen dato ese, pensó el abogado. “Nos quieren cooptar. ¡A tenerlos cortitos!”.
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