Sonrisa contagiosa
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Buñol, España.– Una posición corporal que remite a alguien que está estaqueado. Un manto de pulpa color rojo sangre que no solo tapiza todo el suelo, sino que también cubre gran parte de esta mujer, Sin embargo, ella exhibe una amplia sonrisa. Está en la fiesta de la Tomatina, que se celebra todos los años en Buñol, cerca de Valencia, el último miércoles de agosto. Cuenta la historia que, en 1945, durante un tradicional desfile de figuras gigantes con cabezas grotescas, un grupo de jóvenes comenzó a pelearse y a arrojarse los tomates de un puesto de verduras. Así nació esta tradición que desde entonces se ha celebrado hasta durante las más duras etapas del franquismo. Todo el ritual transmite una sensación de liberación y diversión absoluta. Se rompen todas las normas de orden y se enfrascan todos en un juego propio de la infancia. Una catarsis que revive la espontaneidad y alegría del niño que todos llevamos dentro
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