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Cuando Pierre-Auguste Renoir murió en diciembre de 1919, a los 78 años, hacía tiempo que había dejado de ser el joven bohemio y seductor proclive a las aventuras galantes. La artritis reumática lo tenía limitado a una silla de ruedas y la imposibilidad de sostener los pinceles lo obligaba a atarlos a sus manos.


