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Dentro de sus múltiples disputas, el deporte ovalado ofreció un capítulo muy particular: tener, en 1978, a los Pumas como equipo oficial y a los Cimarrones, como los rebeldes fieles a Rodríguez Jurado
La década de 1970 caracterizó al rugby doméstico por su ebullición, casi en copia con lo que ocurría en el país. Por un lado, la militancia política de cientos de jugadores de decenas de clubes que luego provocó que muchos de ellos fueran asesinados o desaparecidos. Por el otro, múltiples conflictos y peleas en clubes, seleccionados y en la Unión Argentina de Rugby (UAR). También fue una etapa revolucionaria en el juego, con la irrupción del San Isidro Club (SIC), amplio dominador de los campeonatos –ganó los de 1970/1973 y 1977/1980–, a partir de una formación que resultó emblemática –el scrum, con su empuje coordinado, llamado también “la bajadita”– y un equipo repleto de figuras. Dentro de todo ese paquete se produjo una situación inédita: en el final de los 70 hubo dos seleccionados. Uno, el oficial, los Pumas. El otro, el rebelde, los “Cimarrones”, originado por un grupo de jugadores que fueron suspendidos por la UAR para representar a los Pumas. ¿Cómo se llegó a esa situación? Producto de los enredos, las intransigencias y las peleas que signaron a esa época.