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La segunda mitad del siglo XIX vio un nuevo orden del mundo. La revolución industrial y las leyes laborales organizaron a Inglaterra de manera que los sábados eran el día de descanso. Por eso el horario del fútbol quedó instalado para las 3 de la tarde (la televisión luego lo modificaría levemente, para una mayor rentabilidad). Los salarios habían mejorado y la clase obrera podía permitirse pagar entradas para ver un partido. El deporte era un negocio que se volvía rentable. Muchos clubes de fútbol ya pagaban por debajo de la mesa a los jugadores. Si bien todos tenían un trabajo aparte, el salario del futbolista compensaba las horas dedicadas al deporte y cubría gastos por lesiones. En 1888, la Football Association creó la liga profesional.
En el rugby apareció un grieta: la elite y el establishment del sur, la clase obrera del norte y una línea imaginaria en el medio. En el norte, los equipos eran de obreros que querían cobrar por jugar, al igual que en el fútbol. En el sur la dirigencia, que provenía de escuelas privadas y defendía al rugby como un valor moral, se oponía -y lo hizo por cien años- a que el deporte se volviera profesional. Así, veinte clubes del norte de Inglaterra renunciaron a la Rugby Football Union para formar la federación propia y nació la Northern Football Union, que hizo su propia liga. El rugby que jugaban era el mismo. Algunos años después, algunas reglas cambiaron. Se redujo el número de jugadores de 15 a 13, se eliminó el line-out y el scrum pasó a ser un mero reseteo del juego. Con esas modificaciones surgió un deporte un tanto diferente.
Warrington RFC v St. Helens RFC 1901 Rugby League
— APSM Rugby Channel 🏉 (@ApsmRugby) August 4, 2021
Northern Rugby Football Union
Wilderspool Stadium, Warrington
Mitchell & Kenyon Archive pic.twitter.com/sXqrMQAIfg
Entre 1895, el año en que empezaron a coexistir las uniones, y 1922 fueron dándose los cambios en las reglas. La innovación más grande fue que el ruck fue eliminado del juego, y este se volvió más básico, no en el sentido peyorativo de la palabra, sino en cuanto a que quedó libre de momentos considerados burocráticos. Con las reglas procuraban dinámica en el juego.
En el rugby league, cuando un jugador es tackleado se resetea la acción. Ese hombre debe levantarse rápidamente del suelo, y esa esa acción marca el tiempo que tiene la defensa para retroceder 10 metros y no estar off-side. Hasta 1966 las posesiones de un equipo eran ilimitadas, con lo cual las defensas debían ser feroces y rápidas para conseguir errores no forzados y recuperar pronto la pelota. Los primeros años de la nueva disciplina lo definieron como a un deporte de defensas duras, graníticas. La especialización trajo la diferencia que años después sería un atributo que el rugby tradicional iba a valorar y por el cual, por una de esas paradojas del destino, iba a estar dispuesto a pagar muy buenas sumas de dinero.
El 17 de octubre de 1983, Shaun Edwards cumplió 17 años. Ese mismo día Wigan, club de su ciudad natal, sentó un precedente al firmar un contrato por 35.000 libras esterlinas, la cifra más alta pagada hasta entonces por un jugador escolar. Wigan, cuyos integrantes son más conocido como “los Warriors”, se convirtió en 1895 en uno de los clubes fundadores de la Northern League, y al día de hoy es el más ganador de la historia del rugby, con 24 ligas y 22 copas Challenge.
Por aquella época, el club de Edwards fue de los primeros en pasar a hacer práctica profesional del deporte a tiempo completo. Hasta entonces, la mayoría de los jugadores tenía otro trabajo. Así armó un plantel lleno de estrellas, como Andy Farrell y Jason Robinson, con el que ganó siete ligas consecutivas.

En la final de la Challenge Cup de 1990, Wigan se enfrentó con Warrington, otro grande del norte. El viejo estadio de Wembley estaba lleno. St Helen’s, el clásico rival, había sido un duro escollo en la semifinal. Un tackle temprano en el partido le fracturó a Edwards un pómulo y la órbita de un ojo. Eso no impidió que él jugara todo el partido y colaborara en el contundente triunfo por 36 a 14. Ese año, a Edwards le dieron el premio “Hombre de Acero” por ser el mejor jugador de la temporada, y eso fue una piedra más en la construcción de una leyenda del deporte. En su club él ganaría múltiples torneos, entre ligas y copas.
No fue hasta cerca del año 2000 que el rugby tradicional empezó a darle más importancia a la organización defensiva. Una cosa era tacklear -función indispensable en el juego-, y otra, defender. Hasta entonces, las prácticas se basaban en el scrum y el juego de ataque. Que las defensas no fueran realmente un aspecto muy observado del juego, implicaba que los ataques eran menos -se podría decir- barrocos. El abanico de los modelos tácticos del juego era más angosto.
En esos años de inicio de este siglo, el deporte estaba en la transición al profesionalismo. La preparación física y las defensas más organizadas fueron la novedad. De pronto, en Inglaterra empezaron a abrir un poco la cabeza. Lo que un siglo atrás habría sido motivo de severas sanciones, en el nuevo rugby fue visto como innovación y creatividad.
Se empezó a hablar de tácticas defensivas, por ejemplo, la “Blitz Defence”. El responsable de eso fue Edwards, que en 2001 se sumó al staff de Warren Gatland para colaborar en lo que se volvería el dominio de London Wasps en Inglaterra y en Europa en la primera década de este siglo.
El término “Blitz” que da nombre a la defensa que utilizó Shaun en Wasps proviene del alemán y la táctica militar. En las décadas de 1930 y 1940 las fuerzas armadas alemanas desarrolló una táctica basada en la velocidad, la sorpresa y la fuerza concentrada. En lugar de desgastar al enemigo en las trincheras, utilizaba tanques (Panzer) y aviones (Messerschmitt y Stuka) para perforar rápidamente las líneas enemigas, rodearlas y causar el colapso antes de que el rival pudiera reaccionar.
Para entenderlo de manera sencilla: la defensa Blitz procura subir con una línea de hombres bien conectados para ganar el espacio que hay entre un equipo y el otro, mejor conocido como “línea de ventaja” y, así, reducir el tiempo y el espacio de los receptores. El objetivo de esta táctica no es sólo tacklear, sino también obligar al ataque a tomar decisiones y, finalmente, entregar la posesión. La defensa pasó a ser una forma de ataque, de obtención y, sobre todo, de sometimiento físico y mental, más que una forma de prevenir avances del adversario. A diferencia de las primeras organizaciones defensivas, que contenían o flotaban para usar la línea lateral como aliada, esa defensa funciona como invasión al espacio y como un ataque coordinado y destructivo.
Un dato de la influencia del rugby league en el rugby moderno es que, si bien no usó una defensa Blitz, Inglaterra ganó el Mundial en 2003 por una defensa sólida que aportó otro hombre de aquel tipo de rugby: Phil Larder, contemporáneo de Edwards. Al contar con varios jugadores de Wasps, fue más fácil para Larder implementar en el seleccionado inglés conceptos de la defensa de su deporte.
Ver a London Wasps era presenciar un cambio de era en el deporte. Aquel equipo que tenía a Warren Gatland como director de rugby contaba en su plantel con medio equipo que sería campeón de la Copa del Mundo Australia 2003. Parte del éxito de Wasps se debía al dominio físico y táctico en defensa a partir de la instrumentación de la Blitz de Edwards. En sí, era un experimento porque Shaun había vivido toda su vida en el mundo del deporte de 13 jugadores, en el que el scrum y el line no existen como plataformas de disputa. Gatland confiaba en su idea de construir su estrategia a partir de que tenía a trece tipos de pie defendiendo en línea e intentando asfixiar al ataque.
Aquel era un equipo que ganaba por demolición. La pelota recuperada era su alimento. La presión, su mantra. Así ganó tres Premiership. Después vino la conquista de Europa, al obtener lo que en esa época era la Heineken Cup (hoy Champions Cup).
Gatland, que se había ido algunos años antes a dirigir a la selección de Gales, volvió a llamar a Edwards, con un nuevo desafío. Esta vez, la Defensa Blitz no era un experimento, era una fórmula probada. En Gales obtuvieron cuatro veces el torneo de las Seis Naciones.
Una vez terminado el período exitoso en Gales, Edwards volvió a sorprender al mundo del rugby. En 2020, Francia anunció que lo sumaba al staff de Fabién Galhié hasta el Mundial de su país. En la selección de Francia se mantuvo hasta 2026 y consiguió tres veces el Seis Naciones, competición en la que el Gallo no triunfaba desde hacía mucho tiempo, y lo hizo con el Grand Slam en 2022, el primero en doce años.
Su trabajo se notó rápidamente. En aquel último año previo al de la Copa del Mundo de 2023 los Bleus tuvieron el in-goal menos vencido en el año, con apenas siete tries en contra. La disciplina que agregó a Francia, un equipo históricamente talentoso para atacar pero algo desordenado para defender, convirtió a esa versión del Gallo en uno de los conjunto más poderosos de estos tiempos.
Si de innovar se trata, Argentina es un ejemplo. En 1997, por necesidad pero también por urgencia, se contrató al ex entrenador de los All Blacks Alex Willie. La renuncia de los preparadores de entonces hizo que el neozelandés pasara de ser consultor y asistente a tomar el mando.
En la gira de noviembre próximo veremos a Shaun Edwards en el cuerpo técnico de Felipe Contepomi. A un año del Mundial, el head coach hizo algunos cambios estratégicos en su staff. Sumó a Mario Ledesma para el scrum, que ha sido tema de discusión durante gran parte de este ciclo, y a Edwards en la defensa. Los tries recibidos en la temporada -algunos, demasiado fáciles- también hablan de un aspecto que necesita un poco más de atención. En ataque, en este ciclo los Pumas mostraron que tienen suficientes herramientas, pero el juego moderno se trata de una conexión de piezas. Y sigue resultando que las defensas son lo que gana campeonatos.

La temporada 2026 viene siendo algo agridulce para los Pumas, que no contaron con su mejor equipo en ningún test match. El partido que abrirá la ventana de noviembre es pare ellos una buena oportunidad de ver algún cambio. Enfrente estará Irlanda, que tiene como entrenador a un viejo conocido de Edwards, Andy Farrell, con quien compartió batallas vistiendo la camiseta de Wigan en el rugby league. Después tocará Italia, que, con Gonzalo Quesada y Germán Fernández, se convirtió en un equipo mucho más aventurero en ataque.
El último partido de la ventana será un drama digno de ver desde el comienzo de la semana: Edwards conoce bien los secretos de la Francia entrenada por Galthié. Un estratega como él ya estará pensando dónde puede debilitar a ese equipo con el que convivió durante seis años.
Seguro que veremos a los Pumas atacar sin la pelota, invadiendo el espacio y obligando al ataque ajeno a tomar decisiones apresuradas. Los argentinos ya son un equipo muy eficaz y peligroso con pelota recuperada. El agregado de una defensa entrenada por Edwards promete mostrar un equipo que hará de la presión su mantra, que estará continuamente ganando la línea en el medio de un conjunto y el otro. Ganar esa línea como el único pensamiento en el jugador de los Pumas. Con eso debe de estar soñando el hombre de acero nacido en Wigan.
