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Imaginen que conocen a alguien en un evento, ¿cómo saber si ese primer encuentro con alguien que no conocíamos salió bien? La respuesta está contenida en tres simples lecciones. La primera es la que se desprende de una sabia publicidad de desodorante de la década de 1990: “La primera impresión es la que vale”. La segunda es que para destacarse no hace falta ponerse un bonete o una estola de pieles. Y la tercera, que lo que decimos es tan importante como lo que decidimos no decir.



