
Se encontró con todo el poder de uno de los imperios más grandes de la historia, pero tomó medidas desconcertantes y alocadas que lo llevaron por mal camino
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El destino de Karl Peter Ulrich cambió para siempre cuando él tenía 13 años: por la sola voluntad de su tía, dejó de ser un chico maltratado para convertirse en heredero al trono de uno de los imperios más grandes de la historia. Dos décadas después, se convirtió en el zar Pedro III de Rusia, pero su reinado fue efímero y él terminó asesinado poco después de abdicar.
Por Carlos Manzoni

