
Llegó a lo más alto en la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y acumuló un poder solo comparable al del rey o el Papa; pero el monarca, con la anuencia del Sumo Pontífice, disolvió su organización y lo condenó a muerte
Apenas la cabeza de Luis XVI rodó por el piso el 21 de enero de 1793, un hombre salió disparado de la multitud hacia el cadalso, metió sus manos en la sangre derramada por el rey y empezó a salpicar a la gente gritando: “Jacques de Molay, tu es vengé” (en francés, “Jacques de Molay ha sido vengado”. ¿A quién hacía referencia aquel personaje, que algunos dicen que era un masón? Pues, al último gran maestre de la Orden de los Templarios, que murió en la hoguera por orden de Felipe IV y que, en medio de su agonía, lanzó una tremenda maldición.

