
Fue una de las personalidades más importantes de la Grecia Clásica y se destacó como político, estratego y orador; pero su ambición desmedida y su deslealtad le jugaron una mala pasada
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Había dos caras en Alcibíades. Una luminosa, en la que se destacaba su talento, y otra oscura, en la que emergía su deslealtad. Ambas se alternaron a lo largo de su vida, llevándolo hasta el pedestal de los grandes militares y políticos del Siglo de Oro ateniense, pero también hundiéndolo en repetidos exilios que lo acompañaron hasta su muerte.
Por Carlos Manzoni

