
Tenía un don para el canto, hipnotizaba con su voz y se codeaba con los más grandes músicos, pero una madrugada perdió el control de su auto y a partir de allí nada volvió a ser igual
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Una niña de cuatro años está parada sola frente a los fieles que colman la iglesia. Lo que sucede a partir de ese instante es mágico e inolvidable: la pequeña hipnotiza a todos con su voz, al desplegar un don natural para el canto. Esa niña es Gloria Jones, un talento musical que se convertiría en una de las mayores promesas artísticas de los Estados Unidos, pero que un mes antes de su cumpleaños número 32 caería en desgracia.
Por Carlos Manzoni

