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Con 1,3 millones de habitantes, Estonia se independizó en 1991 de la entonces Unión Soviética y comenzó una historia de desafíos. Le faltaba desde infraestructura básica a una Constitución. Sin embargo, hoy es el país más digitalizado del mundo. “Enseguida nos dimos cuenta de que la administración pública y la burocracia gubernamental eran muy caras”, comentó sobre el tema el estonio Linnar Viik, ingeniero, economista y uno de los artífices de la revolución tecnológica en el país. Para Estonia, avanzar hacia un Estado digital fue una cuestión de supervivencia.




