
Una intensa actividad solar durante marzo permitió que el fenómeno se expandiera más allá de los puntos clásicos. Desde San Petersburgo hasta regiones del noreste de China y el Báltico, el espectáculo iluminó cielos urbanos y rurales
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El cielo nocturno de marzo ofreció un espectáculo poco habitual: auroras boreales visibles en regiones donde rara vez se dejan ver. En San Petersburgo y en distintas ciudades del noreste de China —como Mohe, Jiayin, Tahe, Daqing y Bei’an—, las luces danzantes irrumpieron sobre paisajes urbanos y rurales. También en la bahía de Tallinn, en Estonia, el fenómeno se reflejó sobre el agua, multiplicando su impacto visual.
Por Jesica Rizzo

