
Desde una caída que la dejó inmovilizada hasta involucrarse en la famosa casa de moda, Ginevra Visconti compartió con LA NACION cómo las enseñanzas de su abuela y sus experiencias en la Argentina forjaron su camino
Es la tarde de un fin de semana de marzo de 2006. Ginevra Visconti está acostada en su cama desde hace días porque así se lo indicó el médico después de que un accidente a caballo le quebrara dos vértebras y la obligara a hacer reposo por seis largos meses. Un paquete llega a sus manos; es una caja azul atada con un lazo de satén blanco. Ginevra reconoce la etiqueta de la platería Pagliai en Florencia. Cuando lo abre hay dos cosas que la sorprenden: una muñeca de plata con una base redonda, diseñada para caer y volver a levantarse y una inscripción grabada: “No pierdas tu equilibrio y continúa por el camino de los principios y la rectitud que te fue mostrado”.

