
Una casta temida y venerada, los yakuza ocuparon durante décadas un rol ambiguo entre el crimen organizado y el orden social, mientras su imagen alimentaba la cultura popular japonesa
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Cuando Takanori Kuzuoka comenzó a escalar en el mundo del crimen organizado, no se sintió atraído por la tradicional yakuza japonesa, con sus tatuajes, jerarquías rígidas y códigos de honor ancestrales. En cambio, eligió un camino más moderno y menos visible: el universo digital de las mafias “tokuryu”, una nueva generación criminal que opera en la sombra, reclutando a jóvenes desprevenidos a través de redes sociales y mensajes cifrados.
Por Enrique Villegas
