
El propio Vladimir Putin recordó el impacto que tuvo en él el día que el Kremlin no respondió a su pedido de ayuda cuando, poco después de la caída del muro de Berlín, una turba de manifestantes rodeó la sede de la KGB en Dresden
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Un conocido proverbio del pueblo ruso, siempre tan proclive al fatalismo, dice: “El destino vendrá y te atará de pies y manos”. Y los biógrafos y quienes conocen bien al presidente ruso Vladimir Putin sostienen que no se puede entender al autócrata de hoy si no se comprende el fantasma que lo persigue desde fines de los años 80, cuando trabajaba en Dresden, Alemania Oriental, como espía.
Por Rubén Guillemí

