
Ahora llamada Esuatini, la nación africana se rige bajo el poder ilimitado de un monarca que nada sabe de democracia ni derechos humanos, y cuyo sucesor saldrá de entre los 36 hijos de sus 15 mujeres
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El rey de Esuatini, la antigua Suazilandia, tiene poder y dinero. Lo que no tiene es contención, como lo indica la flota de autos de lujo, el jet privado, los palacios de sus varias esposas, y la decisión irrevocable de reprimir las libertades y aplastar la disidencia. La Constitución es un documento irrelevante, y el Parlamento es una farsa.
