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WASHINGTON.- Pudo heredar un imperio, pero sólo le quedó el apellido. Paris Hilton es la cara más famosa de uno de los nombres más conocidos del mundo, l’enfant terrible de una familia que, además de fama, riqueza y escándalos, ofrece una de las historias más peculiares que se hayan visto en los anales de los negocios familiares: su abuelo y su bisabuelo, los grandes patriarcas que forjaron el universo hotelero Hilton, donaron casi toda su herencia. Sin herencia y sin negocio, Paris forjó su propia fortuna surfeando su fama.



