
El oficial polaco se ofreció de voluntario para dejarse detener como civil en el campo de concentración y conspirar desde dentro contra los nazis
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Si existiera un diccionario del horror, la palabra Auschwitz sería el sinónimo más preciso de la maldad. Y sobre los ríos de tinta que corrieron sobre la nave insignia del sistema criminal nazi, que comenzó a operar hace exactamente 84 años, asoma el nombre del único prisionero que entró voluntariamente.

