
Justo antes de su consagración con Punto límite, Kathryn Bigelow dirigió esta película que define toda una época en la pantalla, con un villano surgido de Wall Street y una policía rasa decidida a detenerlo
Un año antes de su consagración definitiva con Punto límite (Point Break, 1991), una de las películas fundamentales de su carrera y también film de referencia clave de la década de los noventa del siglo pasado, Kathryn Bigelow hizo Blue Steel, que aquí se llamó estrambótica e incomprensiblemente Testigo fatal, título con el que se estrenó en los cines argentinos antes de tener cierta circulación en VHS. Vista hoy, Blue Steel es, por un lado, la constatación del estilo y la potencia del cine de Kathryn Bigelow y, por otro lado, una pieza casi arqueológica del cine de psicópatas de fines de los ochenta y principios de los noventa. En el medio, claro, está Jamie Lee Curtis. Vamos por partes, y empecemos por la protagonista.

