
El film protagonizado por Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale es considerado la mejor adaptación literaria de la historia, y forma parte del reducido grupo de películas que acuñaron un concepto aún de uso corriente como es el “gatopardismo”, el cambiar para que nada cambie
Es sabido: una película grande no es necesariamente una gran película, y una película ambiciosa no siempre consigue estar a la altura de sus ambiciones. Pero El gatopardo de Luchino Visconti es una gran película, una de las imprescindibles, aunque uno reduzca la lista a solamente cien de toda la historia, y es una película grande, gigante, cargada con una larga lista de sublimes ambiciones y magníficas obsesiones. Y así y todo, cada ítem que uno pueda imaginarse se concreta -durante sus más de tres horas- en el orden de la excelencia y más allá. Claro, podríamos decir que nos gustaría que los actores y las actrices no estuvieran doblados, pero así se trabajaba en el cine italiano, ese gran cine -nacional e internacionalizado- de la década del 60. Y también en el de otras décadas, pero ahora estamos hablando, a sesenta años de ese momento, de 1963.

