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Arturo de Córdova y Delia Garcés, en Él de Luis Buñuel
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Él, la obra maestra de Luis Buñuel sobre la paranoia, admirada por Lacan, que fue considerada su “suicidio artístico”

Filmada en el exilio mexicano del cineasta en apenas tres semanas, con Arturo de Córdova encarnando a un aristócrata que enloquece de celos por una mujer que conoce en una iglesia (la argentina Delia Garcés), fue la principal influencia de Hitchcock para Vértigo y más tarde recuperada como una muestra de la singularidad del cine del director

Filmada en el exilio mexicano del cineasta en apenas tres semanas, con Arturo de Córdova encarnando a un aristócrata que enloquece de celos por una mujer que conoce en una iglesia (la argentina Delia Garcés), fue la principal influencia de Hitchcock para Vértigo y más tarde recuperada como una muestra de la singularidad del cine del director

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Lo que la obra de Luis Buñuel tiene de buena lo tiene también de singular. Y como muy probablemente -y hay demasiadas pruebas- sea el director más inimitable de todos, su filmografía es de las mejores de la historia. No hay que tener miedo de exagerar con las afirmaciones, o al menos con ciertas afirmaciones: con el cine de Buñuel pasa que, al revisar las películas, nos sorprendemos una y otra vez; la genialidad de su cine nos cae como un rayo iluminador, a veces incluso cegador y perturbador. Buñuel, aragonés de nacimiento, formó parte de una generación de grandes artistas españoles exiliados debido al franquismo. Y así fue cómo gran parte de su carrera, a la sazón la mayoría de su carrera, fue en el cine mexicano. Gracias a la persecución de los artistas, no pocas dictaduras nacionalistas suelen hacer más grande el arte de otros países: debido al nazismo, Hollywood se benefició largamente con la llegada de grandes cineastas de Europa Central; México, por su parte, sumó algunas de las mejores películas de la historia gracias a la llegada de Buñuel. Una de esas películas, que este año cumple siete décadas y se mantiene ferozmente vigente, fue Él. Así nomás, Él, uno de los títulos más breves de la historia (eso sí: difícil ganarle a Z, de Costa-Gavras).