
El crimen organizado forma parte de la historia de la pantalla grande, en una compleja asociación que remite a los albores de la Meca del cine
Una de las escenas más recordadas de El padrino, una de las películas más destacadas de la historia del cine, involucra al productor de Hollywood Jack Woltz y a su preciado pura sangre Khartoum, o más bien a su cabeza. La secuencia, adaptada en el film de Francis Ford Coppola del libro de Mario Puzo, daba cuenta del poder de la mafia y del largo brazo de Don Corleone que se extendía incluso al negocio de hacer películas. Así, la ficción estrenada en 1972 reflejaba los cercanos y complicados vínculos que la industria del cine tenía casi desde su nacimiento con el crimen organizado. Un lazo que creció a la par de la fascinación que las historias de la mafia ejercían tanto en el público como en algunos de los realizadores más importantes del cine norteamericano. Del mencionado Coppola al extraordinario Martin Scorsese cuya obra forma parte fundamental del canon de los no tan buenos muchachos de la pantalla grande.

