
El film de 1979 fue un drama en todo sentido, que confrontó a Meryl Streep con su colega Dustin Hoffman, un actor de método que llevó al set parte de la bronca de su personaje
Los monstruos que nos da el cine o que apila la cultura popular son apenas proyecciones de los verdaderos, esa masa violentas que todos llevamos dentro. Pero en ocasiones afloran. Los actores, especialmente las estrellas, son expertos en manejar su monstruo interior. Su profesión casi puede reducirse a eso. Pero existen momentos donde lo que aparece es algo incontrolable y peligroso: cuando el talento mayúsculo debe competir, mano a mano, grito a grito, con otro talento mayúsculo. Digamos, por ejemplo, que se crucen Dustin Hoffman y Meryl Streep. Digamos que eso sucedió. Digamos que la primera y mejor versión de Godzilla Vs. Kong no se mostró -casi- ante las cámaras y tuvo otro título parecido: el rodaje de Kramer Vs. Kramer. Nunca más esos dos monstruos volvieron a coincidir en la pantalla. Nunca más, a pesar de que fue su trabajo el que hizo de ese film mediocre el gran ganador de los Oscar de 1980 con seis estatuillas, entre ellas mejor película (le ganó a Apocalypse Now y All That Jazz), mejor director (Robert Benton superó a Francis Ford Coppola y Bob Fosse, obviamente), mejor guion adaptado y, final de finales, mejor actor para Hoffman y Mejor actriz de reparto para Streep. Para estos dos talentos, la victoria fue, quizás, pírrica.

