Cher ganó el Oscar a la mejor actriz por Hechizo de luna, de Norman Jewison
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La comedia romántica de Cher que es una carta de amor a los italianos de Brooklyn y un verdadero milagro cinematográfico

La actriz y cantante se llevó uno de los tres Oscar de esta película, verdadera sinfonía de los sentimientos que involucra al espectador en los destinos de cada uno de sus personajes

La actriz y cantante se llevó uno de los tres Oscar de esta película, verdadera sinfonía de los sentimientos que involucra al espectador en los destinos de cada uno de sus personajes

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El tiempo pasa, también para las películas, y especialmente para nuestra relación con ellas. La película que nos fascinó hace décadas quizás no lo haga hoy en día y, por el contrario, se revelan virtudes no detectadas en películas que habíamos desestimado en su momento. Y al regresar a una película a la que no se ha vuelto desde su estreno hace treinta y cinco años, hay ansiedad por saber si habrá resistido el paso del tiempo o, mejor dicho, si habrá resistido bien nuestra relación con ella. La prueba suele ser más difícil con películas especialmente exitosas y todavía más con las comedias especialmente exitosas. ¿Puede una comedia romántica de fines de los ochenta protagonizada por Cher pasar la prueba del tiempo? La respuesta debe ser rápida: Hechizo de luna (Moonstruck) no solamente permanece sino que sus virtudes y sus singularidades se han agigantado, hasta el punto de de hacernos pensar en que evidentemente había mejores condiciones para los milagros cinematográficos hace un tercio de siglo que en la actualidad. Y hablando de siglos, el director de esta película, el canadiense Norman Jewison, nació en 1924 y ostenta por estos días 97 años de edad.

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Hechizo de luna es una comedia romántica, sí, tiene los componentes, los elementos requeridos, pero se parece a pocas otras. Esta es una comedia romántica múltiple, con múltiples búsquedas de la felicidad, con varios y diversos rematrimonios. La protagonista es Loretta Castorini (Cher), contadora de treinta y pico, viuda y que vive con sus padres en un caserón en Brooklyn, Nueva York. Tiene un novio, o más precisamente una relación un poco apagada con un señor (Johnny Cammareri, interpretado por Danny Aiello) que le propone matrimonio y acto seguido parte para Sicilia a ver a su madre moribunda. Y le deja un encargo: que se comunique con su hermano Ronny (Nicolas Cage), del que está distanciado hace años. Y ese hermano, bueno… para contar esa historia, la del encuentro entre Loretta y Ronny, se hizo esta película. Y para contar la relación de los padres de Loretta, interpretados por Olympia Dukakis y Vincent Gardenia, y la de los tíos de Loretta, y para mostrar a su abuelo y sus cinco perros. Y, además, probablemente para componer otra declaración de amor múltiple a Nueva York, como lo había sido una década antes Manhattan, de Woody Allen, pero en este caso no en Manhattan sino en Brooklyn y con italianos y con cambios musicales: acá estamos acompañados no por George Gershwin sino por Dean Martin y la ópera.

Ganadora del Oscar por Hechizo de luna, vestida por su inseparable Bob Mackie
Ganadora del Oscar por Hechizo de luna, vestida por su inseparable Bob MackieAP

Como puede inferirse, esta es una película con muchos personajes, pero que jamás pierde el foco o entra en confusiones o en torpezas vertiginosas. A cambio, prodigiosamente, se orquesta un movimiento entre situaciones, en medio de encuentros entre hombres y mujeres, y todos -incluidos los perros- con una luna redonda, rotunda, magnífica, mágica. Este movimiento sinfónico es llevado adelante por un director habilísimo como Jewison, a partir de un guion de John Patrick Shanley -que terminaría ganando el Oscar, como también lo hicieron Cher y Dukakis por esta película- que decide no solamente contar la historia de la pareja principal sino otras más y, sobre todo, valerse de un marco de especial riqueza para el relato: la colectividad italiana, con sus comidas, sus ritmos y sus ritos. Y sus peculiaridades: como bien enseñó siempre François Truffaut, sobre todo mediante su alter ego Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), la construcción de la personalidad de los protagonistas es clave para un tipo de cine -¿el cine que siempre conectó mejor con sus tiempos?- pero, sobre todo, para que los personajes adquieran relieve, se despeguen del fondo y se conviertan en el imán del relato.

Olympia Dukakis en Hechizo de luna, por la que también ganó el Oscar
Olympia Dukakis en Hechizo de luna, por la que también ganó el OscarCaptura

Hechizo de luna es de esas películas en las que nos importa cómo termina cada personaje. Y para eso, justamente para saber el destino de cada uno, Jewison diseñó una secuencia final de las más atesorables del género, una alrededor de una mesa a la que se van sumando y sumando los personajes y resolviendo lo que hay que resolver. Ese cierre, sobre el que se cuentan anécdotas relativas al perfeccionismo de Jewison, es un ejemplo de la economía dramática de la película: ni en esa secuencia ni en ninguna otra aparece ese vicio tan extendido del estiramiento del conflicto, la suspensión de la resolución tantas veces innecesaria y tan presente en el género. Aquí las situaciones se juegan entre adultos, entre gente -con sus manías y sus creencias- que puede dialogar en un estatuto alejado de la indolencia o la indefinición. Hechizo de luna es, vista, hoy, una película extraña; o quizás ya estemos mirando todo lo que tenga contornos definidos, ritmo sostenido y cohesión cinematográfica como rarezas, como impensables alquimias.

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Además de esas virtudes, hay otra de las más evidentes, de las más ostensibles: Hechizo de luna es una de esas películas en las que todas las actrices y todos los actores parecen haber sido tocados por la gracia -eso que tantas veces en el cine se debe en buena medida a un director que sabe encauzarlos para que den lo mejor de sí-, al punto de que todos parecen avezados habitantes del género que ya han venido trabajando juntos en varias películas. Y no fue así. De hecho, fue un elenco inusual e incluso con distancias en edades que a priori parecían ir en contra de la verosimilitud pero que en la película feliz e inteligentemente ni siquiera se mencionan. Como bien apuntaba Jewison, es evidente que Cher es una actriz de timing siempre perfecto. También es evidente que Dukakis merecía saltar a la fama por este papel, y que Gardenia, Aiello y también John Mahoney eran veteranos confiables y con aplomo. Pero tal vez la clave, o más bien el núcleo energético de la película, cuya aparición no solamente pone a andar el conflicto principal sino que además enciende de otra energía al relato, es Cage, el flamígero Nicolas Cage, que estaba en los albores de su carrera, impulsada al principio por sus apariciones en las películas de su tío Francis Ford Coppola. Cage en Hechizo de luna irrumpe con una intensidad de esas que bien pueden quebrar una película o por el contrario pueden dotarla de una vida extraordinaria. Aquí claramente sucede esto último, no solamente por el propio Cage sino sobre todo porque aterriza fuerte en una película bien llevada, bien planificada y bien decidida; y la más decidida en cuanto a contratar a Cage fue Cher, que logró imponerlo frente a la renuencia del estudio productor.

Nicolas Cage en Hechizo de luna (1987); el actor fue contratado a insistencia de Cher y por sobre las objeciones del estudio
Nicolas Cage en Hechizo de luna (1987); el actor fue contratado a insistencia de Cher y por sobre las objeciones del estudio IMDB

Por último, algo más sobre Norman Jewison, leyenda viviente, un canadiense con experiencia televisiva cuya ópera prima en Hollywood fue protagonizada por Tony Curtis, que después hizo una de las mejores comedias con Doris Day y Rock Hudson (No me mandes flores), que tuvo éxitos como El violinista en el tejado, películas imprescindibles como Al calor de la noche, dirigió a Sylvester Stallone en F.I.S.T. y que ayudó a convertir en estrella a Denzel Washington con Historia de un soldado y volvió a dirigirlo en Huracán. Hay muchísimo más por explorar en la carrera de Jewison, retirado desde hace dos décadas, pero podríamos terminar diciendo que con Hechizo de luna hizo una de las grandes comedias románticas de los ochenta y en la década siguiente, algunos años antes de retirarse a principios de este siglo, una de las mejores de los noventa, Solo tú, con Robert Downey Jr y Marisa Tomei. Si es sorprendente que alguien tenga varias comedias románticas no perecederas en su carrera, más sorprendente todavía es saber que en la variadísima filmografía de Jewison está también la ultraviolenta fantasía deportiva y futurista Rollerball, pero esa, claro, es otra historia.

Hechizo de luna está disponible en Apple TV y Google Play.