
Hija de Klaus Kinski y Ruth Brigitte Tock, construyó una interesante carrera de la mano de directores como Roman Polanski, Milos Forman y Wim Wenders
“La belleza no reposa en las cosas, sino en lo que las cosas simbolizan”, escribió Thomas Hardy en su novela Tess D’Urbervilles. El estilo del autor rompe con los preconceptos con los que otras obras literarias imaginaron la vida rural en el siglo decimonónico en Inglaterra. Tess, la protagonista del relato, es una joven campesina que desconoce su origen aristocrático. La empobrecida realidad de su condición social aparenta cambiar cuando descubre que su lugar no es el de los brutos trabajadores de la tierra y el ganado. Pero el destino cobija una arquitectura fatal para una muchacha joven, bella y codiciada por los hombres. Muchas de las características con las que se puede describir a la heroína de esta novela victoriana son aptas para contar la historia de Nastassja Kinski, la actriz cuyo halo de inocencia contenía un misterio mayor, el de la seducción, el sufrimiento, la pasión y la excepción.
