
El actor irlandés fue nominado a ocho premios Oscar y nunca pudo ganarlo; es recordado por Lawrence de Arabia, Adiós Mr. Chips y El último emperador
Frente al infinito decantar de la arena de los ciclos, el hombre rubio de rasgos delicados que contrastan con la piel morocha y curtida de los árabes, se prueba la impoluta túnica y el resplandeciente turbante, como si el sol y el calor no mordieran su carne humana. Desenvaina la yanbiya, esa daga que fue algo más que un obsequio por haber liberado del imperio otomano la región de Aqaba que hoy se conoce como Jordania. Con aires majestuosos, parece contemplar la resplandeciente hoja del puñal curvo. Pero lo que admira no es tanto el regalo divino, sino su propio reflejo en el cuchillo: su único espejo. Para Peter O’Toole, como para la versión cinematográfica de T.E. Lawrence, el mundo fue el escenario sobre el que desplegó sus encantos.

