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The Rocky Horror Picture Show es uno de los pocos largometrajes musicales con letra y espíritu rockero de los que se puede decir sin una mínima sombra de duda que merecen el título de film de culto. Junto con Woodstock, La canción es la misma, El fantasma del paraíso y Pink Floyd: The Wall, la película de Jim Sharman estrenada hace 50 años mantiene su vigencia con proyecciones constantes y periódicas, por lo general en horario de medianoche, destinadas a sus fans. A partir de este fiel y sostenido fervor logró mantenerse en cartel, contra viento y marea, en cines de distintas ciudades del mundo a lo largo de décadas enteras. Cada función era una verdadera fiesta.



