
Es el músico mudo, cuyo instrumento no es uno en particular sino la orquesta toda; lo que hace frente al público es indicar y recordar, a través de sus gestos, todo lo que se trabajó en los ensayos
No hay misterios. Todos sabemos qué hace un pianista o una violinista para hacer sonar su instrumento, para hacer música. Quizás con algunas dudas sobre cómo produce el sonido, lo mismo pasa con todos los músicos que tocan algún instrumento de viento. Pero no son pocas las dudas -o tal vez sean muchísimas- que rodean a un director de orquesta sobre cuáles son sus acciones, funciones o, en concreto, su necesidad. Podría ser, incluso, que alguno pudiera preguntarse para qué está ese hombre, con una batuta en su mano, cuando todos los músicos saben qué tienen que tocar. Después de todo, no son pocas las orquestas que hacen música sin ningún director delante de ellas. La excelente Orquesta de Cámara de Países Bajos interpreta la Suite de los tiempos de Holberg, de Grieg sin que, aparentemente, nadie les indique nada.

