
Actores entre el blockbuster y el prestigio, un difícil equilibrio que pocos logran
Hacer una carrera en Hollywood no es tarea sencilla y en los últimos años, hay un camino virtuoso que permitió a varias figuras no solo ser taquilleras, sino además ser bien vistas por la crítica
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La película que monopoliza gran parte de las salas argentinas desde este jueves es la producción de Marvel Thunderbolts*, como saben y es evidente. Y es, más allá de su calidad (por encima de la media, pero dejemos la crítica de lado) una muestra de cómo es la dinámica audiovisual hoy para los actores no siempre estrellas. La mayoría de quienes siguen estas películas saben de la existencia de Sebastian Stan, por ejemplo: es Bucky Barnes y fue el Soldado de Invierno. Y este año fue un contendiente doble a los Oscar: por ser coproductor de Un hombre diferente y por ser el actor que encarnó a Donald Trump en la película biográfica El Aprendiz. Ambos films están en las antípodas (al menos en la superficie) de los espectáculos pantagruélicos y coloridos del cine de superhéroes. Sin embargo, ese cine -y los tanques en general- son los que permiten que aparezcan o tengan viabilidad comercial con esos nombres otras películas más chicas, arriesgadas o independientes. Algo cambió desde que Robert Downey Jr. -el redimido, el tipo al que todos querían salvar- se metió como última alternativa en una carrera casi disuelta en la armadura de Iron Man. No solo se creó un estudio, un sistema y una franquicia billonaria: se invirtió la idea de “prestigio”. Aunque las cosas no son tan sencillas.
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