
Con La vida y el canto hizo historia en la radio, por donde pasaron los grandes exponentes de la cultura argentina; en televisión participó de los comienzos de Canal 13 y a ella volvió en varias etapas de su trayectoria
Qué tema este de las etiquetas. Y no hablo de las autoadhesivas que van en los cuadernos, o las que dictan las normas sociales de elegancia y buenas costumbres. Ni siquiera de las virtuales, esas intrascendentes que se avisan con un “#” delante. El problema es con esas etiquetas que buscan definir -de prepo, indiscriminadamente- a quien se tiene delante, como si tal cosa fuera fácil. Ahí está el caso de Antonio Carrizo: ¿Locutor? Qué duda cabe. ¿Conductor? Sí, un clásico de la radio. ¿Y de la televisión? Claro, si hasta inauguró Canal 13. ¿Erudito? Por supuesto, si se le animaba mano a mano a Jorge Luis Borges, y salía indemne. ¿Entrevistador? Único, de los mejores. Pero también hincha de Boca, horticultor (que lo era, y de los buenos), esposo, padre, abuelo. Y se puede seguir: villeguense orgulloso, por un tiempo agregado cultural en Europa; contra de “El contra”, tribunero caliente, tanguero, ajedrecista y, por sobre todas las cosas, representante, testigo y protagonista de la historia cultural argentina.
