
A los 9 años se enamoró del bandoneón y comenzó un romance que le deparó alegrías y enojos; frente a su orquesta, se convirtió en una figura popular que descubrió grandes voces y no se achicó ante las críticas
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Para algunos un “veleta” de melodías facilongas, de esos que se acomodaban según soplaba el viento, aun cuando este despeinara cualquier intención de vuelo artístico. Para otros un músico de fuste: excelso bandoneonista, compositor, arreglador y director de orquesta, que fue tan grande como los grandes con los que compartió escenario o directamente descubrió. Que entendió como nadie el carácter popular del tango, y su constante necesidad de reinvención.
Por Guillermo Courau
