
A los 15 tuvo su primer éxito y de allí en adelante nunca paró; sobresalió en el cante jondo y en el baile flamenco por su personalidad y decisión
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Descalza, con una mantilla blanca sobre su cabeza, una ramita de hierbabuena en sus manos. Y en un teatro, “para que mis admiradores estén conmigo hasta el último momento”. Así pidió ser velada Lola Flores, y así la despidieron más de medio millón de personas aquel mayo de 1995. Había muerto “La Faraona”, la que vio cómo el cáncer la devoraba desde adentro, la que a pesar de todo siguió adelante, espléndida, hasta que la enfermedad pudo más y la postró en una cama y le quitó las ganas de vivir. Justo a ella, que siempre reía y presumía de que rompía los corazones.
Por Guillermo Courau

