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Se escuchaban quejas en el piso 11 del edificio de Callao 1678. Quejas de dolor, quejas de desesperación que venían de la habitación del campeón del mundo. Él, que había vencido a todo y a todos: al Hombre Montaña, al Indio Comanche, a la Momia, a Nerón, al Mono Gatica, hasta a un oso de más de dos metros, se retorcía desesperado en su cama mientras se agarraba la pierna derecha. Ni la contención y cuidados de su esposa Aida y de su hija Paulina (las dos personas que más quería en el mundo) eran suficientes. Martín Karadagian, el titán de Titanes en el ring, libraba su último combate, el más duro de su vida: peleaba contra la muerte.
Por Guillermo Courau

