
Dio sus primeros pasos de niño cantando tangos, pero al crecer el humor se transformó en su aliado; la muerte de su hijo marcó su destino
12'minutos de lectura
Era un payaso triste. Parecido a aquel que durante años compuso en teatro y en televisión, hasta que un día lo dejó ir porque ya no lo divertía. Y aunque la descripción suene a demérito, en realidad es todo lo contrario. Porque Marcos Zucker fue un artista enorme, que se erigió por sobre el dolor y le brindó lo mejor de su talento al público, a los que se reían con él, a sus compañeros del cine, del teatro, de la televisión. No importaba si su corazón estaba flaco de alegría, lo que quedara sano, se brindaba a los demás.
Por Guillermo Courau

