
Actor y guionista nacido en Montevideo, integró junto a Ricardo Espalter, Enrique Almada y Eduardo D’Angelo el núcleo creativo que transformó el humor televisivo del Río de la Plata en los años 60
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Le decían “el aristócrata del humor”, por su estilo, por su impronta, por esa imagen de hombre serio capaz, en su seriedad, de decir el mayor de los delirios. Raimundo Soto, artífice de Decalegrón, Telecataplum y Jaujarana, quedó en la historia un paso más atrás de Ricardo Espalter, Enrique Almada o Eduardo D’Angelo, pero no hay duda de que fue una pieza indispensable para consolidar ese humor tan exquisito de “los uruguayos”.
Por Guillermo Courau
