
La magnífica obsesión de Natalie Harp
Esta relación es patológica y una fuente de enorme irritación entre otros miembros de la corte
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Pasé mi carrera observando cómo funcionarios maniobraban y conspiraban, a menudo de maneras absurdas, para acercarse a los presidentes. Pero nunca había visto nada como la foto de Natalie Harp corriendo detrás del carrito de golf del presidente Trump en Escocia hace tres años. Tampoco había oído nunca de una asistente que se metiera en el baúl de una camioneta, como hizo Harp, después de que le negaran un asiento en la caravana presidencial.
La exitosa película de terror Obsession, sobre un hombre que desea recibir más adoración de una joven, que cae bajo su hechizo y se la brinda de manera maniática, parece estar desarrollándose ahora mismo en Pennsylvania Avenue.

Como otros, hice una mueca cuando escuché por primera vez al senador Jon Ossoff, demócrata de Georgia, referirse a cómo a Trump le gustaba “viajar con Natalie”. ¿Estaba poniendo gratuitamente bajo un foco morboso a una asistente de la Casa Blanca?
Pero resultó que, con apenas tres palabras, Ossoff tiró de un hilo y terminó desentrañando algo realmente oscuro y perturbador en el círculo más íntimo de la Casa Blanca de Trump.
La inclinación del presidente por rodearse de aduladores —y de jóvenes rubias atractivas— es bien conocida.
Pero esta relación es patológica y una fuente de enorme irritación entre otros miembros de la corte. Es Trump reducido a su esencia: el líder de una secta y su seguidora más fanática, el narcisista y el espejo que más lo halaga.
Hija de un agente inmobiliario profundamente cristiano que se suicidó durante la pandemia, Harp idolatra a Trump con un fervor poco común. Como una de las personas encargadas de ayudarlo con sus redes sociales, pasa con él gran parte del día y, a menudo, también las noches, y nunca se toma un día libre. Maggie Haberman, de The New York Times, llama a Harp el “chupete” del presidente-niño.
A Harp la apodan —y ella misma se define— como “la impresora humana”, porque sigue a Trump con una impresora portátil para entregarle copias en papel de cualquier artículo o tuit positivo. Cuando The Mirror publicó el viernes la foto de Harp corriendo detrás del carrito de golf en Turnberry, Escocia, el autor de la nota la bautizó “la velocista humana”. Haberman dijo que incluso líderes extranjeros intentan utilizar a Harp como intermediaria para llegar a Trump.
Como contaron Haberman y Jonathan Swan en su libro Regime Change, Trump les dijo a sus colaboradores que Harp era la única persona que lo quería tanto como su esposa y sus hijos. “Ella nunca me va a dejar”, solía decirles a otros miembros de su equipo.
Harp llamó por primera vez su atención en 2019, cuando apareció en Fox News contando que Trump había ayudado a salvarle la vida gracias a la ley Right to Try, que, según ella, le permitió acceder a un tratamiento experimental para un cáncer óseo.

Antes de empezar a trabajar para el regreso de Trump en 2022, Harp había sido presentadora de la cadena ultraderechista OAN y difundía la versión de que las elecciones habían sido robadas. Este invierno, fue ella quien publicó el repulsivo video en el que Trump aparecía como el rey de la selva y los Obama eran representados como simios.
La saga de Harp refleja un hecho realmente extraño sobre Trump. El presidente, de 80 años, fue elegido, gobierna, provoca y busca vengarse utilizando las redes sociales, y estuvo rodeado de magnates tecnológicos serviles durante su asunción. Pero todavía necesita que alguien joven y conectado se siente a su lado y escriba sus publicaciones. Su simbiosis digital plantea incluso la pregunta de si todas esas extrañas mayúsculas son de él o de ella.
Ossoff atravesó a Trump con su “arpón Natalie” el fin de semana pasado durante un discurso en Atlanta. El senador estaba criticando al comandante en jefe por su errático y patético manejo de la guerra con Irán: “Mientras agota inútilmente nuestras reservas de municiones y petróleo, el presidente se duerme durante sus reuniones. Juega al golf y compra y vende acciones. Es que no quiere hacer el trabajo. Quiere construir su salón de baile y viajar con Natalie en ese palacio volador aparentemente indefenso que les regaló el emir de Qatar”.
Después de tantos años dando vueltas, tratando de descubrir cómo irritar a Trump mientras él se volvía cada vez más destructivo y descontrolado, los demócratas ya no están de humor para seguir la máxima de Michelle Obama: “Cuando ellos caen bajo, nosotros vamos alto”. Estuvieron encantados de arrastrar a Natalie a la pelea.
Pero fue el megáfono MAGA el que terminó perjudicando a Natalie. La Casa Blanca quedó claramente alterada por la alusión a la estrecha relación entre Trump y su asistente de redes sociales de 35 años, que gana 150.000 dólares al año. Incluso Melania hizo una inusual aparición para mostrar la bandera conyugal.
Harp ya había sido noticia cuando el presidente la eligió a ella y a unos pocos asistentes cercanos para acompañarlo cuando se coló en un camión de catering y cambió de avión para regresar de Turquía a Washington después de una amenaza de atentado iraní. Sorprendentemente, Marco Rubio, Scott Bessent y los periodistas quedaron en el otro avión como señuelos.
La respuesta virulenta del mundo MAGA contra Ossoff —la habitual y ridícula caricatura de intimidación machista— tenía un sospechoso aroma a “protesta demasiado”. La Casa Blanca calificó a Ossoff de “chico de teatro afeminado y vergonzoso” y Trump se burló de él comparándolo con Pee-wee Herman, una señal de que ha perdido su habilidad para inventar apodos crueles pero eficaces.
Después de que Kristen Holmes, corresponsal de CNN en la Casa Blanca, le preguntara a Trump por las críticas de Ossoff, la Casa Blanca publicó una inquietante advertencia: “Algún día, tus hijos se encontrarán con tu pregunta repugnante e inhumana. Se sentirán asqueados y avergonzados de tener un padre tan insensible y vengativo. Es bastante preocupante”.

Pero lo realmente preocupante era el tono de las cartas de adoración de Harp dirigidas al hombre al que llama “Señor Presidente”, difundidas por The Daily Beast, en las que habla de su frágil estado emocional: de olvidarse de comer o dormir y de sentirse herida por los comentarios críticos de otras personas.
“Quiero que las cosas siempre estén bien entre nosotros”, escribe. Y agrega: “Lamento haber perdido el foco. Usted es lo único que me importa. No quiero decepcionarlo nunca. Gracias por ser mi Guardián y Protector en esta vida”.
En otra carta se preocupa porque trabaja tanto para él que termina pareciendo “una jorobada que no tuvo tiempo de arreglarse”. Le suplica: “¡No deberíamos tener que hablar de trabajo todo el tiempo!” y dice que anhela “escuchar cada conversación” que él mantiene.
Harp cita una frase de Orgullo y prejuicio para decir que habría sido difícil perder a su padre si no hubiese tenido a alguien tan “digno” como Trump a quien recurrir. “Y agregaré”, concluye, “que soy yo la indigna”.
Es una relación perfecta —financiada por los contribuyentes—. Ella piensa que él es increíble.
Y él está de acuerdo.
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