
El primer desafío es la reconstrucción de la amistad cívica
La superación de los problemas que enfrenta nuestro país solo será posible si la esfera pública no queda agotada por “los odios de facción”
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Occidente, el mundo atlántico, no atraviesa sus horas más altas. El cambio climático, la crisis de representación política, la presión migratoria, la incertidumbre asociada con el salto tecnológico producido, entre otras innovaciones recientes, por la inteligencia artificial, el divorcio, cada vez más evidente, entre la democracia liberal y el capitalismo, un estancamiento secular, todas ellas dificultades que se explican mutuamente, que se retroalimentan unas a las otras, conforman una situación a la que algunos han caracterizado, utilizando la expresión acuñada por el historiador de la economía Adam Tooze, como policrisis y otros como permacrisis: crisis múltiple, sin un piso fijo ni puntos de referencia y sin perspectivas de solución. Curioso: la crisis, esa transición entre dos estados de aparente normalidad, ha producido una nueva normalidad fundada en la estabilidad de lo inestable.




