
Cada cuatro años, el mayor espectáculo deportivo del planeta se convierte, sin proponérselo, en una radiografía de la condición humana
Arturo Flier
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Suena el tambor. Miles de noruegos levantan sus remos imaginarios y los mueven al unísono recreando la forma en que sus antepasados vikingos surcaban los fiordos hace más de mil años. Miles de argentinos organizan banderazos donde conviven la bandera nacional, Malvinas, Maradona y cánticos que solo ellos comprenden. En las tribunas, millones de personas cantan emocionados un himno, visten los mismos colores y abrazan a desconocidos como si pertenecieran a una misma familia.
Por Arturo Flier

