
En De los mundos letrados a los lugares de saber, el francés Christian Jacob estudia los inconmensurables efectos que tuvo la bibliofilia de Alejandría, que modeló nuestra forma de abordar el conocimiento
En el marco de las letras, la obsesión no es propiedad exclusiva de los autores de ficción. Los investigadores adustos y sistemáticos, sobre todo los que suelen aferrarse a un único objeto de estudio durante el transcurso de la vida, adolecen y gozan de esa misma fascinación que tiene por centro, o marco, alguna de las formas que cobra la literatura. El caso del francés Christian Jacob (1955) es ejemplar al respecto. Director de investigación del renombrado Centro Nacional para la Investigación Científica y director de estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, en Francia, se ha abocado con vigor obsesivo al estudio de un objeto de culto mítico en lo que atañe al saber, a la cultura y, claro, a los libros: la biblioteca de Alejandría.

