
Antes del mito y de la rubia perfecta, la mirada de una una joven frente a una cámara, y un fotógrafo atento, bastaron para encender el destino de Norma Jeane
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Era 1946 y el sol de California todavía no tenía la temperatura del mito. En un pequeño estudio de Los Ángeles, una joven de cabello castaño esperaba su turno frente a la cámara. Se llamaba Norma Jeane Baker y tenía apenas diecinueve años. Había pasado buena parte de su infancia entre hogares sustitutos y casas prestadas, sin familia estable ni certezas, pero con un brillo particular en los ojos que parecía resistirlo todo.
Por Cristian Phoyu

