
Con una cáscara intimidante y un aroma inconfundible, el durián se convirtió en un símbolo de Malasia. Su cosecha moviliza a miles de productores y comerciantes y forma parte de una tradición con fuerte impacto económico y cultural
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La temporada de cosecha del durián transforma cada año distintas regiones de Malasia en un escenario de intensa actividad. A fines de junio, en las plantaciones de Karak y Bentong, los frutos maduros caen de manera natural y son recolectados para abastecer mercados, puestos callejeros y centros de distribución que reciben a miles de compradores.
Por Jesica Rizzo
