Quizá los primeros desacuerdos empezaron allá por los 90, cuando las PC comenzaban a popularizarse y reemplazaban a los tableros. Cuando decías “te hago un diseño”, te contestaban: “No, gracias, mi sobrino me lo hace, que tiene una PC”. Y ahí empiezan a aparecer los diseños sin criterio gráfico, sin pensar en dónde y en cómo se iban a imprimir. Conjuntamente aparecen los programas de diseño y vemos carteles superpoblados de efectos. Esto coincide también con los primeros egresados de la flamante carrera en la facultad que, quizás influenciada por la base de arquitectura, se empezaron a preocupar más por el diseño que por la gráfica. Empezamos a ver genialidades, pero muy difíciles de llevar al papel.