
El discurso electoral no escapa al efecto corrosivo provocado por gobiernos que, invocando ideales progresistas, degradaron la vida social, deterioraron los bienes públicos, incrementaron la pobreza y reintrodujeron la inflación, a la vez que exhibieron escasa capacidad intelectual y de gestión
Uno de los efectos más perniciosos de los casi veinte años de primacía kirchnerista en el espacio público es el descrédito en el que han caído las ideas asociadas con una visión “progresista” de la sociedad. La malversación de conceptos fundamentales de aquella tradición -igualdad, justicia, libertad, derechos- ha contribuido a desvalorizar ante buena parte de la sociedad principios que, no obstante, han contribuido de manera fundamental para la configuración de muchos de los aspectos más valiosos de las modernas sociedades democráticas. Desde la universalización de la cobertura de la salud y la educación a los derechos laborales o las jubilaciones.
