
El icónico edificio se está sometiendo a una transformación radical: eliminación total del amianto, reemplazo de fachadas, creación del Ágora en el subsuelo y una reducción del 40% en el consumo energético
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En julio de 1971, un jurado presidido por Jean Prouvé examinó 681 proyectos expuestos en el Grand Palais, en París. Eligió el número 493. Sus autores, Renzo Piano, Richard Rogers y Gianfranco Franchini, eran entonces arquitectos jóvenes que proponían algo que a muchos les pareció una provocación: una “máquina cultural viva” en el corazón de la ciudad Luz, con las entrañas del edificio expuestas al exterior, las tuberías codificadas por colores, el esqueleto estructural celebrado en lugar de disimulado. La polémica fue inmediata. Casi seis años más tarde, el Pompidou fue inaugurado por Valéry Giscard d’Estaing. Al día siguiente, una multitud desbordó la Place Beaubourg para descubrir aquel espacio multidisciplinar que desacralizaba el arte y lo invitaba a la calle.




