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Existe una paradoja que Mar del Plata arrastra desde hace décadas: su principal patrimonio es el océano Atlántico, y sin embargo gran parte de la ciudad vive de espaldas a él. El frente costero de Punta Mogotes, uno de los complejos balnearios más extendidos y concurridos del país, concentra esa contradicción con particular elocuencia. Entre la ciudad y el mar median estacionamientos, barreras edilicias, superficies impermeables y una lógica de explotación estacional que activa el territorio tres meses al año y lo abandona los nueve restantes. El paisaje nativo, los médanos, las lagunas y los humedales que definen la identidad ecológica de ese litoral quedaron silenciados bajo capas de asfalto y concesiones.




