La ciudad noruega, arrasada por los bombardeos alemanes en 1940, pasó de urbe pesquera a base aérea de la OTAN; hoy apuesta por su arte, sus paisajes y su futuro proyecto urbano
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La primera bomba llegó de madrugada. La última cayó cuando se marchaba la tarde. Para entonces, Bodø también se había extinguido. El 27 mayo de 1940 los aviones alemanes descargaron unas 70 toneladas de explosivo sobre este enclave en el norte de Noruega. Buscaban acabar con una estación de radio y una pista de aterrizaje. Pero los incendios lo devoraron todo. Se calcula que más de la mitad de las casas desaparecieron, con el pasado de la ciudad. La pequeña urbe de pescadores y leñadores jamás volvió. La reconstrucción apostó por la modernidad y el cemento. La OTAN instaló ahí una base aérea en cuanto arrancó la Guerra Fría. Y Bodø creció hasta convertirse en un centro administrativo de casi 50.000 habitantes. Frente al mar, rodeada de montañas, igual que antes. Sin embargo, distinta.
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